El nombre Margarita tiene su origen en una historia personal y en una figura fundamental de mi vida: mi abuela Nora.
Ella solía llamar “Margarita” a todo el mundo con cariño: a su peluquera, a mis amigas, a quien no recordaba el nombre, a cualquiera que se cruzara en su camino. Lo decía con una mezcla de picardía y ternura, y ese gesto tan suyo quedó siempre conmigo.
El logo también lleva su huella como la gran artista que fue. La flor es una réplica de un dibujo que ella realizó: una margarita que mi hermana le pidió que dibujara para tatuarse. Hoy, esa flor vuelve a florecer como parte de este proyecto, transformada en símbolo y herencia.
Elegir este nombre es una manera de rendir homenaje a su arte, a su mirada sensible y a la huella que sigue presente en mi forma de crear. Margarita es, en esencia, una continuidad: un proyecto que florece a partir de la memoria, el afecto y el valor de lo hecho con cuidado.
Gracias, Abu, por ser siempre inspiración.


